
Un sitio que se lee como una revista
Un marketplace de ropa usada compite por atención con todo lo demás: la urgencia, el descuento, el contador que baja. Decidimos competir al revés —con calma— y para eso el sitio se diseñó con reglas de revista, no de vitrina.
La primera decisión fue tipográfica. Los títulos van en una serif editorial de un solo peso, sin negritas fabricadas, porque un titular que grita no dice más: dice lo mismo más fuerte. Todo el resto —precios, botones, medidas, estados de pedido— va en una sans neutra que no compite con la ropa. Dos familias, ocho tamaños, ninguna excepción.
El color como jerarquía, no como decoración
Hay un solo color con relleno oscuro en toda la plataforma y está reservado a la acción principal: vender, pagar, publicar. Cuando cualquier botón puede ser rojo, ninguno importa. El resto de las acciones son de contorno, y las grandes superficies usan un burdeos más profundo para que el fondo nunca compita con lo que hay que apretar.

Cuando cualquier botón puede ser rojo, ninguno importa.
La foto manda y el resto se aparta
En una prenda de segunda mano la información real está en la imagen: la caída, el desgaste, el color verdadero. Por eso las tarjetas casi no tienen adornos —una etiqueta de categoría, un título, un precio— y por eso los tags son tres y no diez. Cada distintivo que agregamos le resta atención a la foto que sí decide la compra.
Regla práctica de la casa: si un elemento no cambia una decisión de compra, no entra a la tarjeta. Va a la ficha, al panel o a ninguna parte.
Este diario es la parte más libre del sistema y también la más disciplinada: mismos tamaños, mismas etiquetas, mismos nombres de campo que usa administración cuando escribe. Lo que se pide al publicar es exactamente lo que se muestra al leer, y esa coincidencia —aburrida de contar, difícil de sostener— es la que hace que el sitio se sienta de una sola mano.

- Categoría
- Filosofía
- Autor
- Constanza Ríos
- Publicada
- 28 de agosto, 2026
- Tiempo de lectura
- 2 min de lectura

